Un nuevo comienzo en las comunicaciones

Un nuevo comienzo en las comunicaciones

En un mundo de incertidumbres

En situaciones de calamidad, desastre o pandemia, como es el caso de estos tiempos de coronavirus, hacer comunicación tiene que tomar en cuenta que el ambiente social está dominado por una sensación justificada de vulnerabilidad, que es a su vez producto de la incertidumbre provocada por el factor que altera negativamente la cotidianeidad, desequilibrándola y poniéndola en situación de riesgo.  

En casos como el coronavirus, este ambiente podría tornarse dramático, porque lo que están en juego son vidas, lo que activa un mecanismo proteccionista de subsistencia que conduce conductas gregarias, o de primacía de la individualización, por un afán de sobrevivencia que se amuralla con prioridad en grupos familiares y primarios, muy cercanos a la vida de cada ser humano. Son situaciones en las que las prácticas de solidaridad son relegadas y absorbidas por la fragmentación que funcionaliza las dinámicas colectivas a la prioridad de la propia seguridad y sobrevivencia. Es decir, se tiende a ser solidario en la medida que la acción colectiva favorece la propia seguridad personal.  

Este factor conduce a asumir actitudes de extrema protección y de exagerada previsión, por lo que no resulta un proceso ajeno el reino del miedo provocador de situaciones de caos y de pánico, que agudizan socialmente el problema, por ejemplo con la arremetida consumista en los mercados, farmacias y centros de abasto, especialmente cuando los discursos de auto protección no tienen como contraparte una adecuada y oportuna información.

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